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He vuelto de Manhatan

Traigo la mirada terracota. Llena de ladrillos, edificios sucios, fabricas reconvertidas en Galerías de Arte, también plazas masificadas y tulipanes explotando en los canteros de la acera. Una primavera tardía regala paz a los turistas y voyeurs que ocupamos la ciudad como un ejército desmadrado. Desde las alcantarillas, un vapor espeso avanza hacia la superficie y se eleva, sumando gris a la humedad del ambiente.
En la ciudad babilónica nadie entiende a nadie, si hablas en inglés. Aún están los hispanos. Por todas partes. En la cafetería, en el autobús, en la tienda, en la farmacia. Los españoles somos una plaga. En el Soho, en Woodbury, en Chelsea, en Little Italy. Actores, escritores, políticos nos cruzamos por la calle y no nos vemos, porque la retina ya no puede distinguir nada más.

13/05/2007

Desde el barandal

¡Ah…! Tolero la impaciencia de esperar que baje la información por Internet haciendo solitarios: 10-9-8-7-6, alterno rojas y negras. Hace años leí en un libro, cuyo nombre no recuerdo, el monólogo de una enferma de cáncer terminal, que mientras hacía solitarios soñaba “si gano esta partida será que he vencido a la muerte”. Jugarse la vida a cara o cruz, cuando la suerte ya está echada…
Ha nacido Martín y mi amigo Sergio (el padre) dice que es puro ojos. Nos lo ha contado en un mensaje, pero el móvil no es suficiente para tanta emoción y nos lo escribe con todas las letras: “tiene los ojos enormes. La madre bien. Muchas felicidades para todos”.
(Continúa)

Sobre las buenas intenciones que pueblan las sepulturas

Un plan, necesitaba. Todos en la oficina tenían uno. Y al salir de trabajar ese lunes se le ocurrió. Compró las herramientas necesarias en unos grandes almacenes y enfiló directamente al cementerio, donde fue abriendo sepulturas una a una, atrapando intenciones. ¡Había tantas! Juntó todas las que pudo cargar sin levantar sospechas y se marchó.
(Continúa)

El taller del caucho

Aunque al principio alguien había ideado una estructura, con el paso del tiempo y las necesidades crecientes de la familia se habían ido agregando habitaciones hacia atrás, hacia arriba, incluso hacia el frente, cuando cerraron el jardín de la entrada. El taller estaba hacia dentro, por el pasillo, como a mitad de camino, porque después se anexaron las habitaciones del fondo, con su baño y su cocina y que configuraron una segunda vivienda.
(Continúa)

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