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En la acera de enfrente hay varias agencias de viaje. Son los únicos comercios abiertos en toda la manzana. Normal. No iba a estar abierta, por ejemplo, la peletería en esta época del año. Con la situación de alerta mundial tras los últimos atentados, parecía que el turismo entraba en crisis, pero no ha sido así. Los humanos tenemos ansias de vivir. Total por cuatro días locos que pasamos por la tierra.

Además, les digo a los fatalistas que no van a ninguna parte por miedo, además siempre puede explotarte un tren al lado cuando estás durmiendo tan tranquila en tu cama, que es lo que me pasó a mí viviendo en la calle Téllez. O te puede caer una maceta en la cabeza al salir a la calle o puedes tropezarte con una baldosa y adiós.

Mejor vivir al día, disfrutar de la compañía y del momento. Por ejemplo, hay dos farolas gemelas muy estilizadas aquí delante que por las noches dan una luz amarilla, muy pálida, para cobijar besos enamorados. Pasa un señor canoso, con coleta, musculosa blanca y sandalias. Pasa una mujer en moto, toda vestida de negro, incluso las gafas y el casco. ¡Parece un escarabajo!

Hoy el cielo está azul, con alguna pincelada de nubes. Más feliz azul si tenemos en cuenta la tormenta de anoche. Por la mañana, en cambio, el cielo se levantó goyezco: nubarrón gris espeso, tridimensional, con fondo azul intenso e hilachas de nubes blancas traspasadas por los rayos del sol. Me gusta el cielo madrileño. ¡Es tan profundo! Como estamos tan lejos del nivel del mar parece que lo tocáramos con las manos.

A vivir pues, que son dos días.

19/08/2004

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