google6fa3c6e345025a32.html

Estos domingos de guardar, que llaman a quedarte en casa pero sales y cuando vas conduciendo sientes a los árboles perder sus hojas. Caen en remolino, o como lluvia marrón que roza la calle y los coches las estrujan sin contemplación. Ellas quebradas, inertes, polvo ya entre hilachas y cortezas.

Estos domingos de guardar pero no, en que te resistes, te lanzas a la calle y deambulas de aquí para allá con la bufanda hasta los ojos, guardando el vaho. El tuyo, propio y húmedo entre la lana.

(15/12/2010)

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies