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En su artículo de Babelia (Un teatro para el diálogo), Rosa Montero nos habla del oficio del entrevistador. Más allá de la ética profesional, entendida como no falsear la realidad ni poner en boca del entrevistado frases que no ha dicho, una entrevista es parte teatro y parte ficción narrativa, nos dice, donde entran en juego la personalidad del personaje (dosis de orgullo, timidez, sentido del humor) y la capacidad del periodista para crear un ambiente de confianza tal que el entrevistado se abra y la conversación fluya, ofreciendo la información que buscamos.

Esta información la encontramos no sólo en las palabras. Hay que utilizar la psicología, saber oir sin juzgar, leer poses, miradas, gestos, titubeos. Está en el reportero unir todos los elementos, igual que lo hacemos en la construcción de un personaje de ficción, y trabajarlos para ofrecer una semblanza auténtica.

La propuesta de Rosa Montero me resulta especialmente atractiva ya que une dos mundos entre los que, al igual que ella, me muevo constantemente: el periodismo (la comunicación) y la literatura.

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