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TyrionVerticalEstos días Espacio Fundación Telefónica programó una semana de actividades en torno a la serie Juego de Tronos, de HBO, con especialistas para comentar el fenómeno y con la presencia del mismo George R.R. Martin, creador de la saga.

Buena oportunidad para identificar las claves que debe cumplir una novela de éxito para ser adaptada a la pantalla –me dije-. Parece incluir los ingredientes necesarios para atraer público de diferentes edades, culturas y sexos. Se trata de un producto de calidad, con diálogos cuidados, reflexiones extrapolables a nuestra sociedad, tramas políticas actuales y que está regado de golpes de humor. Por no hablar de las escenas en las que se muestra incesto, sexo y violencia sin tapujos.

Los datos hablan por sí mismos: la serie de HBO cerró la segunda temporada con 4,2 millones de seguidores, 10,3 millones si añadimos otras plataformas como video bajo demanda, y fue una de las tres series más descargadas durante 2011.

En cuanto a los libros, de Canción de hielo y fuego se han vendido más de 15 millones de copias en todo el mundo y han sido traducidos a más de 20 idiomas. “He tardado 40 años en tener éxito de la noche a la mañana”, nos diría George R.R. Martin. Una vez publicados, los libros han permanecido en un relativo anonimato durante 4-5 años hasta que el “boca-oreja” hizo su labor de marketing, HBO compró los derechos y pasó a crear la serie, estrenada años después.

Panel de expertos en Espacio Fundación Telefónica. De izda. a dcha. Álvaro P. Ruiz de Elvira, Manel Loureiro, José de la Peña, Berni Melero y Tomás Blanco.

Panel de expertos en Espacio Fundación Telefónica. De izda. a dcha. Álvaro P.
Ruiz de Elvira, Manel Loureiro, José de la Peña, Berni Melero y Tomás Blanco

Allí estuvimos un fin de semana, para reflexionar con los expertos. Martin no inventa nada nuevo, no tiene la receta del éxito. Lo que hace es seguir la tendencia de las últimas series de culto que llegan de EEUU: un manejo diferente de los recursos narrativos de toda la vida. El escritor, también guionista, los conoce muy bien y los mezcla hasta crear ritmos vertiginosos. El recurso principal es la tensión narrativa, que consigue con la utilización sistemática de cliffhangers, macguffins, elipsis y escenas cortadas por doquier.

También se apoya en una técnica muy utilizada en la comedia: la focalización externa. En Juego de Tronos adelantan constantemente al espectador información que los demás personajes no tienen. Así, el espectador puede valorar las decisiones que toman los personajes y se siente parte de la historia.

En la línea argumental encontramos personajes creíbles, con virtudes y defectos, que muestran una evolución a lo largo de la historia; y tramas en torno a temas muy generales, con un toque fantástico sin abusar de la magia y la brujería. Resulta fácil asociar el invierno con la crisis, pero Martin pensaba en el fantasma de la guerra. Vemos aquí otra técnica narrativa muy utilizada, pero que funciona: el invierno es la representación del mal externo que puede llegar y que afecta a todos por igual, indiscriminadamente.

@martinezricci, ilustrador para Canal+

@martinezricci, ilustrador para Canal+

El género visual y el literario manejan códigos diferentes y requieren distintos lenguajes narrativos. Una novela facilita el paso a la pantalla cuando “hay distancia entre la voz narrativa y la conciencia del personaje”, explica Tomás Blanco (@tblanco_T5), experto en nuevas tendencias narrativas. Siempre será más fácil traducir a lenguaje visual una historia en la que predominan verbos de acción, con personajes en movimiento, que un monólogo interior o pensamientos.

Aún no he leído los libros. He visto las dos temporadas de la serie. Recuerdo una escena del principio en que una frágil e inexperta adolescente es dada en matrimonio por su hermano a un “salvaje” a cambio de ayuda para recuperar el trono. La joven pedirá consejo a una esclava, “enséñame a dar placer a mi marido”. También aquella escena en la que el proxeneta estudia la capacidad de fingir placer de una prostituta antes de admitirla en su burdel. Y la escena de barbarie hacia dos prostitutas ordenada por el rey Joffrey. ¿O debería decir sadismo? Me viene a la mente Justine, del Marqués de Sade. Dicen del Marqués que además de libertino fue víctima y chivo expiatorio de nobles y jueces necesitados de ocultar sus propias aventuras. Justine habría sido una parodia de las novelas pornográficas que circulaban clandestinamente, reflejo de las aberraciones de la época.

Identifico aquí la técnica utilizada por Gustave Flaubert en el caso de Madame Bovary, para librarse de los cargos de “inmoralidad y ofensa a los buenos principios”, cuando afirmó que se trataba de una crítica artística a costumbres instaladas en la sociedad. En Juego de Tronos, después de regalarnos la escena de sadismo, en el capítulo siguiente Tyrion y Cersei comentan que el chico está desequilibrado. Señores espectadores: eso está mal, eso no se hace. La productora se ha cubierto las espaldas. Pero estas escenas atraen: los hombres buenos son los que sueñan con lo que hacen los malos, parafraseando a Robert Simon.

¿Cómo puede gustar una serie con estas escenas? Las preguntas sobre la figura femenina en Juego de Tronos surgen veladamente una y otra vez. “Las chicas me dan mucho miedo y respeto, son las que en realidad manejan el bacalao”, se escucha. Risas.

No me lo puedo creer. ¡Son como niños! ¡Quieren los juguetes! Fantasean con que el mundo gira en torno a ellos. Termina el coloquio, me acerco, pregunto: “¿cómo te pueden dar miedo mujeres a las que maltratan y utilizan constantemente como moneda de cambio?” Entonces se hace la luz y lo entiendo: dan miedo porque se defienden.

Foto trono de hierro

Pienso en otras historias ambientadas en la Edad Media. En todas la mujer es un ente abstracto, una princesa aislada en la torre de un castillo bordando paños entre suspiros. En Juego de Tronos se las ve, existen, se revelan, toman decisiones. Tienen protagonismo. Por eso dan miedo. Y por eso gustan también a las espectadoras.

Después de todo esta gran saga, al igual que la tragedia griega de Aristóteles, sirve de catarsis colectiva: para redimir y purificar al espectador de sus propias bajas pasiones. Al verlas proyectadas en los personajes las disfruta como en carne propia, sin el peligro y los fantasmas del castigo, ni sentimiento de culpabilidad.

“Es fácil distinguir la literatura buena de la mala, nos dice finalmente Tomás Blanco, lo difícil es distinguir lo bueno de lo excelente”.

Tanto la charla con George R.R. Martin como el coloquio con los expertos se pueden seguir en vídeo (ambas grabaciones seguidas) en la web de Espacio Fundación Telefónica (@EspacioFTef).

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