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Para Reyes, escribiré mi carta a los Magos. Tienen un año entero para dosificar la entrega. Cada noche dejaré mis zapatos al pie de la cama y así, por las mañanas, poco a poco al calzarme, me calzaré también una dosis de entereza, administración de mi tiempo y compaginación entre mi familia y mi trabajo. A mediados de año, allá para junio, ya me habrán alcanzado a entregar las dosis de conocimiento necesarias para hacer el examen de Estadísticas y licenciarme en Empresariales. Para agosto, cuando hayamos alquilado la casita en la playa, me habrán enseñado a nadar y podré disfrutar del mar como nunca. Entre septiembre y octubre se habrán afianzado las pinceladas de autoconfianza y dominio y defenderé mi subida de sueldo como nunca. Para diciembre, por fin, sabré lo que dan de sí las buenas intenciones. Aunque les he pedido también, a los Reyes Magos y con la última entrega, un poco de amnesia e ilusión para escribirles la carta el año que viene.
diciembre 2001

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