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CAMILO JOSÉ CELA, discurso al recibir el Premio Cervantes 1995

(…) Es mi voluntad de hoy, también mi deber, el hablar, por tanto, con palabra mesurada para decir que quisiera decir, porque aprendí de Aristóteles que el habla es la representación de la mente y la escritura lo es del habla, y mi mente es hoy sosegada, mi palabra aspira a ser clara y mi discurso, lo que antes fue mi escritura, pretende enseñarse diáfano y sincero; sé de sobras que, tal como pensaba Gracián que decía Fernando el Católico, es la espera fruta de grandes corazones y muy fecunda de aciertos, ya que en los hombres de pequeño corazón ni caben el tiempo ni el secreto. Quizá nuestra mejor prudencia sea la de hablar, con muy discreta razón, con la palabra de Cervantes, el hombre a quien zurró el destino y derrotó la envidia, el árbol frondoso a cuya sombra nos acogemos respetuosa y devotamente. (…)

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